miércoles, 4 de julio de 2012

"Autoridad y Sumisión"



"Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten,
acarrean condenación para si mismos..."
Romanos 13:1-7


Para muchos, la palabra sumisión puede tener un significado negativo, especialmente si han sido abusados de cualquier manera; pero para Dios, nuestro Padre Celestial, sumisión significa: fidelidad, obediencia, servicio, amor, protección, cuidado, responsabilidad, autoridad y poder.

Los que anhelamos servir a Dios, debemos conocer acerca de la autoridad. Debemos conocer la diferencia entre, “infringir la autoridad de Dios y trasgredir la santidad de Dios" – Basado en Isaías 14:12-15 y Ezequiel 28:13-17, en donde dice que “Ofender la autoridad de Dios es una rebelión mucho mas grave que la de ofender su santidad".

Puesto que el pecado se comete en la esfera de la conducta se lo perdona con más facilidad que la rebelión, pues esta es una cuestión de principios. Fue el intento de Satanás de poner su trono sobre el trono de Dios lo que violó la autoridad de Dios; fue el principio de la vanagloria o exaltación propia. El hecho de pecar no fue la causa de la caída de Satanás; ese hecho no fue más que el producto de su rebelión contra la autoridad. "Fue la rebelión lo que Dios condenó.”

Mientras que nuestra vida refleja nuestra obediencia y sumisión a la autoridad de Dios, nuestro ministerio, nuestros actos, deben reflejar su santidad.

Ahora bien, ¿Cómo someternos a la autoridad de Dios? Reconociendo y aceptando que toda autoridad proviene de Dios. La autoridad esta en todas partes, representada en el gobierno, las autoridades, los padres, los maestros, y la familia; sino podemos ver y reconocer la autoridad – tacita y expresa- que nos rodea, si nos rebelamos contra la autoridad, actuamos bajo el principio de rebelión de Satanás y si no podemos someternos a la autoridad que podemos palpar, ¿como vamos a poder someternos a la autoridad de Dios, a quien no podemos ver?

Para tener una idea de lo importante que es el respeto a la autoridad de Dios, recordemos la historia del Rey Saúl y David, en 1 Samuel, desde el capitulo 18 en adelante.

Saúl comenzó a sentir celos de David, debido a que Jehová estaba con él, el pueblo lo quería y que a pesar de sus intentos, David se comportaba prudentemente. Al ver que no podría acabar con el directamente, decidió hacerlo su yerno y esperaba que fueran los filisteos que acabaran con David.

Sin embargo, Jehová estaba con el y cada vez eran mayores sus victorias, por lo cual, ya desesperado, Saúl decide matar a David, pero éste, avisado por su amigo Jonatan y ayudado por su esposa Mical, finalmente logra huir y esconderse de Saúl.

A partir del Capitulo 24, vemos claramente cómo David, a pesar de tener a Saúl en sus manos, respeta su vida y lo declara un ungido de Jehová. Dios estaba probando su corazón y David, no en una, sino en dos ocasiones, perdona la vida del ungido de Dios, reconoce, acepta y respeta la autoridad y la voluntad de Dios y nos enseñó un gran ejemplo de cómo usar sabiamente la autoridad.

De la misma manera que para nacer de nuevo y crecer en el espíritu necesitamos tener un encuentro personal con Jesús; para crecer en el poder de Dios, necesitamos tener un encuentro con su autoridad.

Es cuando tu orgullo es pisoteado; cuando se humilla tu ego; cuando hay circunstancias que no puedes evitar y sientes que tienes que aguantar. Cuando no soportas a tus jefes, a tus pastores, a tus profesores, o a alguien de tu familia, cualquiera (persona o circunstancia) que esté en autoridad sobre ti, que se impone o afrontas una situación que te parece – injusta – cuando tienes un encuentro con la autoridad y es en ese momento de crisis, cuando sientes que tu mundo se derrumba y tus emociones y sentimientos se trituran, cuando debes ver y aprovechar la oportunidad que Dios te regala de tener un encuentro con la autoridad y por ende con Él, porque la autoridad representa a Dios mismo, en los cielos y en la tierra.

La autoridad Espiritual se puede ver así:

1ª. Autoridad Espiritual. Viene de Dios, sea que venga a través de su Espíritu Santo, de una autoridad delegada por el, de su palabra o de sus mandamientos y tiene por objetivo protegerte, representarte, cuidar de ti, mantenerte bajo su manto protector, protegerte y bendecirte. Para gozar de este favor de Dios, lo único que tenemos que hacer es someternos; rendirle todas las áreas de nuestra vida; confiarle a el nuestra familia, nuestra vida, bienes y finanzas.

2ª. Autoridad Delegada. Dios nos ha delegado su autoridad, nos ha dado de su poder a través del Espíritu Santo y quiere que ejerzamos esa autoridad con amor, responsabilidad y justicia ante quienes debemos ejercerla, es decir: si eres un Pastor, ante tu congregación; si eres un padre o madre, ante tus hijos; si eres un líder, ante tus seguidores.

Jesús es el mejor ejemplo de sumisión, sujeción a la autoridad y obediencia; hablaba con autoridad (delegada por El Padre) y ejerció su autoridad al derrotar a las tinieblas y a la muerte y Dios le sentó a su diestra, le vistió de poder y le sujetó todas las cosas en el cielo y en la tierra. Si estudias el final de los cuatro evangelios descubrirás que sus últimas palabras fueron las promesas y delegación de su poder para serle testigos y pudiéramos continuar su obra.


Por tanto, si deseas estar en autoridad y tener el favor de Dios.

a) Conoce, reconoce y respeta la autoridad, pues si bien es cierto que puede llenarte de gloria; mal usada, sin entendimiento y sabiduría, puede destruirte.
b) Cuida tu corazón, pues de el mana la vida.
c) Busca y sigue la sabiduría y ella te guiara por el camino correcto.
d) Humíllate ante Dios y Él te exaltara.
e) Y pídele a Dios un encuentro con la autoridad, si quieres servirlo en santidad.
f) Reconoce a Dios en todos tus caminos. Él es El Señor de nuestras vidas.
g) Entrégale tu corazón a Cristo.




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